Después de toda la preocupación que teníamos por si llegarían o no a tiempo los carnés internacionales (por supuesto no llegaron), conseguimos que nos dieran nuestra hippie furgo a la primera y sin problemas (además con un descuentillo que nos hizo la majísima mujer de Apollo), así que nos fuimos a hacer compra y preparar todo para nuestra ruta por la costa oeste.

Con todos estos preparativos se nos hizo un poco tarde y solo pudimos llegar hasta Lancelin beach, por donde nos dimos una vuelta acompañados de su repugnante olor, pero fue también donde pudimos ver el primer atardecer de Western Australia que fue simplemente increíble.

Al día siguiente nos pusimos en marcha para llegar a nuestra primera parada que iba a ser el Pinnacles Dessert. Esto es básicamente un desierto en el que misteriosamente han emergido del suelo miles de rocas que hacen que te quedes completamente anonadado. Nosotros hicimos la ruta por el parque nacional en la hippie y fue súper guay ir parando en los apartaderos y sobre todo ver el paisaje desde dentro del coche. A Javi le recordaba incluso a los ambientes de Breaking Bad.

Después del desierto fuimos directamente a Cervantes, el típico pueblo en medio de Australia en el que las calles son nombres de comunidades, ciudades e incluso pueblos españoles. Nos encontramos con las calles de Cataluña, Aragón, Sevilla e incluso Talavera, y por supuesto no pudimos dejar de hacernos la foto en la Madrid street.
Tras esto nos fuimos directamente a donde pasaríamos nuestra segunda noche: Jurien Bay. Una vez en el camping aprovechamos para montar nuestro chiringuito con pérgola incluida, nos cocinamos unos spaghetti carbonara y seguimos planeando nuestro viaje. En este momento nos dimos cuenta de que el plato fuerte de la ruta, el parque nacional de Karijini, estaba cerrado a causa de un ciclón, y lo mismo pasaba con las carreteras que llegan a él. No podíamos creernos que fuéramos a tener tan mala suerte, pero en ese momento solo nos quedaba rezar para que el ciclón pasase antes de que llegásemos allí.
La mañana siguiente teníamos agendado el súper planazo de nadar con leones marinos. A las 7:15 de la mañana estábamos en el puerto de Jurien Bay donde nos estaba esperando nuestro barco, y poco después salimos hacia la isla donde todos nuestros amigos nos estaban esperando, bien tomando el sol en la playa, bien jugando entre ellos en el agua. Nada más los vimos sabíamos que iba a ser una experiencia espectacular y efectivamente no nos equivocamos. Tener la oportunidad de nadar a menos de medio metro de ellos y verlos jugar tan de cerca fue un privilegio que jamás podremos olvidar.
Después de este gran rato nos pusimos ya de camino a Kalbarri, que por cierto fue bastante incómodo por el viento insoportable que hacía. Ya se notaba cada vez más que nos estábamos adentrando en el desierto. Pasaban kilómetros y kilómetros y no veíamos nada a nuestro alrededor más que desierto y unas cuantas ovejas de vez en cuando. Cuando estábamos llegando nos dimos cuenta de que a nuestra derecha había un enorme canal de agua que era completamente rosa y no pudimos dejar de parar para verlo de cerca.
Ya en el parque nacional de Kalbarri hicimos una parada en Natural Bridge y Island Rock donde pudimos observar la inmensidad del mar desde los acantilados, fue algo espectacular que nos hacía sentir minúsculos en comparación con lo que teníamos delante de nuestros ojos.
Ya llegamos al pueblo de Kalbarri y después de un ratito de relax nos fuimos a buscar un sitio para dormir.
A la mañana siguiente nos fuimos volando de allí rumbo a visitar el parque natural. El primer sitio que vimos fue Meanarra Hill desde la cual se veía una gigante inmensidad de bosque bajo la preciosidad del cielo con nubes rechonchitas. La siguiente parada fue Natural Window. Es una ventana natural al río que es alucinante, pero la experiencia fue totalmente desmerecida por las 30 moscas que teníamos cada uno alrededor de nuestra cabeza. Hicieron que la estancia allí fuera insoportable y que lo único que quisiéramos era irnos cuanto antes. Por eso es súper recomendable llevar una red para ponerse en la cabeza y que las moscas te dejen vivir y disfrutar del entorno. Hicimos las paradas reglamentarias en Kalbarri: Hawk’s head y Ross Graham y salimos huyendo de las moscas que nos tenían tan saturados para ponernos rumbo a nuestra siguiente parada.

Llegamos a Hamelin Pool y paramos en los famosos Stromatolites, que son formaciones muy curiosas de bacterias que se llevan creando durante miles de años y que con las aguas turquesas de su alrededor hacían de este lugar un paisaje espectacular, y tanto es así que son considerados Patrimonio de la Humanidad.

Ya empezamos a adentrarnos en Shark Bay y la siguiente parada obligatoria era Shell Beach, una playa que en lugar de arena está totalmente formada por pequeñas conchas. El paisaje era espectacular con el agua completamente turquesa, por ello intentamos sacar el dron para hacer un plano desde las alturas, pero el viento nos lo puso muy difícil. Esto sumado a las millones de moscas que teníamos alrededor nos seguimos quemando más por momentos, hasta el punto de que ya no queríamos ver absolutamente nada más, solo llegar al camping y que acabara el sufrimiento.

Y así fue, después de otros cuantos kilómetros de desierto, llegamos por fin a Monkey Mia, donde nos sorprendió el increíble complejo turístico que tenían montado. Nos parecía increíble que en un lugar tan sumamente remoto de repente nos encontrásemos algo así, con su piscina, acceso directo a la playa, bar con happy hour etc. Así que hicimos el check-in, nos dimos un baño y nos fuimos a tomar una cervecita con vistas a la playa, y por supuesto, rodeados de moscas.
Aprovechamos para lavar la ropa, y en un momento en el que fui al coche a coger no sé qué cosa de repente me encuentro con una familia de emúes en medio del camping. Yo alucinando, claro. Se lo conté a Javi y evidentemente flipó también, pero más flipamos aún cuando se nos ocurrió ponernos a merendar en la furgoneta en medio del camping y de repente uno de ellos vino corriendo hacia nosotros como si no hubiera un mañana. En realidad luego nos dimos cuenta de que no venía a por nosotros sino que iba con el resto de su familia, pero claro, la imagen de un emú corriendo directamente hacia a ti hace que al menos el susto te lo lleves 😂.

Esa noche prontito nos fuimos a dormir porque el nivel de saturación que teníamos con las moscas superaba los límites y necesitábamos que el día acabase ya y que llegase el siguiente para podernos comprar una flynet lo antes posible.
Por la mañana, antes de ir a por la red, fuimos a la playa a ver los delfines. Monkey Mia es una reserva natural y todas las mañanas se pueden ver cómo los delfines se acercan a la orilla para comer. Hay voluntarios de la reserva que se dedican a darles de comer y a hacerles un seguimiento gracias a la posibilidad que tienen de verlos tan de cerca. También se puede ver aunque no tan de cerca a las crías, que se quedan un poquito más retiradas esperando a que sus madres vuelvan con ellas. Es un acontecimiento bastante turístico pero la verdad es que es muy emocionante ver a los delfines tan tan de cerca así que merece la pena.

Una vez vimos a los delfines nos pusimos de camino a nuestra siguiente parada, no sin antes, por supuesto, hacernos con nuestra red para las moscas y parar en donde no lo habíamos el día anterior por pura saturación. Aunque Javi no estaba muy de acuerdo en un principio, paramos en Eagle Bluff, y menos mal porque fue precioso. es increíble lo turquesa que son las aguas en esta costa. También paramos en un lookout que nos encontramos de camino y bajamos a la playa que se veía desde arriba, pero la verdad es que desde abajo nos decepcionó un poco.

Ya tiramos hacia Coral Bay. Fueron 6 horas y media de camino eternas con solo desierto y más desierto a nuestro alrededor. Paramos en Carnarvon para comprar porque era el primer y último pueblo en kilómetros con un supermercado y nos sorprendió bastante que prácticamente todo el mundo allí eran aborígenes.
Seguimos nuestro (eterno) camino y lo más interesante que nos pasó en horas fue que de repente una vaca se nos cruzó en la carretera. Y os preguntaréis: ¿qué hacía una vaca en medio del más remoto desierto? Pues eso mismo nos preguntamos nosotros.
Una vez llegamos a Coral Bay no podíamos salir de nuestro asombro. Después de casi 7 horas conduciendo por el desierto habíamos llegado al auténtico paraíso. Nos quedamos completamente enamorados con lo precioso que era así que prácticamente nada más llegar decidimos que nos íbamos a quedar un día más de lo que teníamos planeado.
Por la mañana desayunamos tranquilamente en el camping, extendimos nuestra estancia y literalmente en menos de cinco minutos (esto era lo que más nos gustaba) llegamos a la playa y alquilamos nuestro set de snorkel por 10$. Nada más pusimos un pie en el agua vimos una manta de puntos azules y a los 30 segundos un pequeño tiburón. Claro, no dábamos crédito. Con un poquito de miedo nos pusimos aletas, gafas y tubo y nos metimos para dentro. Es súper curioso porque las otras veces que habíamos visto coral había sido muy mar adentro, solo se podía llegar en barco, y en cambio en este caso avanzamos poquísimos metros desde la orilla y ya llegamos al arrecife. Alucinamos mucho con todo lo que vimos allí abajo: muchísimos corales de todo tipo y color, y daba igual lo lejos o cerca que estuvieras de la orilla que el mar estaba súper tranquilo y no había peligro alguno. Estuvimos un buen rato buscando Ayers Rock, una formación de coral súper característica y peculiar que toma este nombre por su parecido al Ayers Rock (Uluru) ubicado en el centro de Australia, pero por más que lo intentamos no fuimos capaces. Y tanto lo intentamos que acabamos tanto Javi como yo con las espaldas completamente abrasados por el sol.

Cuando terminamos fuimos a devolver el equipo y le preguntamos a la chica del puesto dónde podíamos ver los tiburones que un ratito antes nos habían comentando unos alemanes en la playa. Nos lo indicó, fuimos para allá y efectivamente vimos el santuario de tiburones que tienen en Coral Bay y allí pudimos ver a muchas crías todas juntitas nadando por la orilla. Estamos seguros de que uno de esos era el que habíamos visto por la mañana, que había salido de la pequeña laguna que el mar formaba en esa zona para darse un paseíto por la bahía.
Después nos dimos un bañito en la piscina del camping, comimos, nos echamos una siestecita y nos fuimos a ver el atardecer.
La mañana siguiente, antes de nada, lo primero que hicimos fue volver al criadero de tiburones ya que nuestra idea era sacar el dron y tener una imagen de las crías desde arriba, pero fue un fracaso porque la marea estaba muy baja y no pudimos ver ninguna. ¡Parece que estamos gafados con el dron!
Después ya nos preparamos y nos pusimos de camino a Exmouth, nuestra próxima parada. Fue un viaje cortito que no se hizo muy pesado, bastante de agradecer después de las palizas de coche que nos habíamos estado dando los últimos días. Exmouth es el punto más al norte en el que estuvimos y podemos decir que también el más desértico y salvaje. Al igual que Coral Bay, Exmouth disfruta de la Ningaloo Reef, una de las reservas de coral más grandes y espectaculares del mundo.
Antes de llegar a nuestro destino hicimos una parada en el faro del pueblo. Las vistas eran muy bonitas al agua turquesa, pero la verdad es que no fue lo que más nos apasionó.
Seguimos hacia delante para llegar al Cape Range National Park. Lo primero que hicimos fue ir a ver el sitio donde íbamos a dormir esa noche. Era un lugar pensado especialmente para dormir, literalmente al lado de la playa pero sin infraestructura de camping, es decir, no tenía duchas ni grifos, y en los baños que tenía no había cadena. Si mirabas para abajo solo había un agujero que llegaba al abismo 😂. Pero lo bueno de este sitio era que dormías literalmente a 30 segundos de la playa, y en ese caso particular era una playa espectacular con unas cuantas dunas desde las que se veían esas aguas turquesas transparentes que te dejaban completamente embobado.
Fueron 11 dólares por cabeza pasar allí la noche y la reserva había que hacerla online, pero como por supuesto no habían ni una gota de conexión, tuvimos que ir a un centro de información del parque a coger wifi y hacerlo desde allí. También en este centro nos informaron un poco de qué hacer por la zona lo cual también nos ayudó a organizarnos un poquito.
Antes de volver al campground fuimos a ver un par de sitios por los que no íbamos a poder pasar el día siguiente. Fuimos a Osprey Bay y a Sandy Bay, una calitas bastante bonitas de la Ningaloo Reef que merece la pena ir a ver. Después de esto nos volvimos para Mesa Camp, que era donde íbamos a dormir, porque estábamos hambrientos y también muy incómodos con el solazo que hacía y lo quemadísimos que estamos. Así que lo que decidimos hacer fue pasar el día siguiente haciendo snorkel por el Cape Range y después bajarnos otra vez a dormir a Coral Bay, ya que además de que nos mataba un poco el plan de Karijini por todo el solazo y las moscas, no podíamos ya ir igualmente ya que seguía estando cerrado por el ciclón.
Llegamos y nos pusimos a cocinar, y nuestra cruz con las moscas nos seguía azotando. Además es que en ese momento parecía que estábamos gafados porque después de un siglo haciendo la comida, cuando estábamos a punto de mezclar la pasta con la salsa, un golpe de viento hizo que se volara una silla y golpeara el bol de la carbonara tirándola prácticamente entera al suelo. Queríamos llorar. Lo arreglamos como pudimos pero en ese momento igual teníamos a nuestro alrededor 150 moscas, y no es una exageración, imaginad nuestro estado de agobio. Así que lo único que pudimos hacer fue tapar nuestros platos como pudimos, montarnos en la furgo con las ventanas abiertas y empezar a andar para que todos esos bichos del demonio se fueran y nos dejaran tranquilos.
Empezamos a comer, pero nos dimos cuenta de que ya era la hora del atardecer así que dejamos los platos a medias y nos subimos a la playa. Verlo desde aquella duna, sin ni una sola nube de por medio y con nuestro amigo putoamo tocando la guitarra y cantando para amenizar el ambiente hicieron que claramente fuera uno de los atardeceres más mágicos que vimos en Western Australia.

Volvimos a la furgoneta para acabar de comer / cenar, y cuando ya era totalmente de noche cogimos nuestras sillas y nos subimos a la duna a mirar el cielo. Era completamente fascinante cómo se veía desde ahí, la cantidad de estrellas que podíamos ver de un solo vistazo. Incluso vimos varios cometas o meteoritos. En realidad no tenemos ni idea de lo que era pero lo que sí sabemos es que eran astros que se movían muy muy rápido así que de alguna manera habrá que llamarlos. En definitiva ese fue un momentazo irrepetible y que disfrutamos como los que más.
El día siguiente nos tocaba visitar todo lo que nos quedaba por ver de Exmouth que eran básicamente todos los puntos en los que se recomendaba hacer snorkel. Fuimos a la oficina donde el día anterior reservamos el espacio del camping y allí alquilamos aletas, gafas y tubo. De allí nos fuimos directamente a Lakeside, que estaba bastante cerquita y nos metimos al agua con camiseta y después de habernos embadurnado en crema para que no nos volviera a pasar lo de la última vez. Ese punto la verdad es que fue espectacular y además no tenía nada que ver (ni este ni ninguno de los que visitamos ese día) con lo que habíamos visto en Coral Bay. En vez de tanto coral por todas partes ese día vimos todo tipo de fauna marina y particularmente en Lakeside un montón de peces que jamás podríamos haber visto: peces azules fosforitos, enormes, medianos, enanos, peces unicornio y cualquier pez que se te ocurra si has visto alguna vez Buscando a Nemo; todos estaban allí. Y dejo para el final la joya de la corona y es que vimos una tortuga gigantesca que fácilmente tendría 100 años. Estuvimos bastante rato a su alrededor porque estábamos alucinados y queríamos verla nadar o moverse un poco pero ella estaba ahí tan tranquila debajo de un coral y no había quien la moviera de allí, pero ya solo verla fue espectacular. Después de un par de vueltas por la zona y maravillados por todo lo que habíamos visto nos fuimos para Turquoise Bay que era nuestro siguiente punto. Allí había que tener cuidado de nos sobrepasar la zona dedicada especialmente al snorkel porque al parecer sino podría haber problemas con las fuertes corrientes que hay por la zona. Teniendo esto en cuenta nos metimos al agua de nuevo y todo iba fenomenal y era precioso hasta que vimos un tiburón a escasos 3 metros de nosotros. Giramos para ir acercándonos a la orilla y Javi vio otro casi en frente de su cara así que pensamos que era un buen momento para salir y nos fuimos para fuera y decidimos ver la playa dando un paseíto que así nos sentíamos más seguros. Al rato vimos otro más dando por la orilla muy cerquita de unos padres con sus hijos a los que obviamente avisamos para que tuvieran cuidado y prácticamente ni se inmutaron 😂.
Después de esto nos fuimos para el último punto que era Oyster Stack. Para bucear aquí hay que ir a las horas que te indican porque los corales están muy en la superficie y tiene que estar la marea lo más alta posible para que cuando se vaya sea posible hacerlo sin que se toquen para no dañarlos. Estuvimos por allí un ratito viendo todo lo que había por allí y además nos volvimos a encontrar a putoamo, lo que fue también una alegría.
En resumen, nos gustó muchísimo Exmouth y nos mereció mucho la pena pasar allí ese día y medio sobre todo por los ratos de snorkel que fueron maravillosos, pero no pasaríamos más tiempo por allí ya que se nos hizo un poco incómodo el no tener un camping donde poder ducharse y sobre todo refugiarse un poco del sol en la horas fuertes.
Después de devolver el equipo nos fuimos ya de camino a Coral Bay donde íbamos a pasar las siguientes dos noches. Cuando llegamos prácticamente no nos dio tiempo a más que a darnos una ducha, ver el atardecer y poco más.
El día siguiente nos pasamos la mañana en el camping planeando lo que íbamos a hacer en lugar de ir a Karijini y el viaje a Filipinas y por la tarde nos volvimos a dar el paseo hasta el santuario de tiburones ya que la última mañana nos habíamos quedado con la espinita de ver alguno. Y efectivamente nos la quitamos ya que vimos unos cuantos nadando por la orilla y alguna que otra raya también. Luego como no podía ser de otra manera nos subimos a ver el atardecer y poco más había que hacer después más que cenar y dormir que el día siguiente iba a ser duro.
Nos levantamos muy temprano porque teníamos 10 horas y media (que ya fueron 12 con paradas y todo) por delante ya que nuestro objetivo ese día era dormir en Jurien Bay habiendo pasado antes por el lago rosa de Kalbarri que nos dejamos sin ver en la subida. Cuando después de 7 horas en el coche llegamos a este lago nos llevamos la alegre sorpresa de que estaba completamente seco así que tal y como llegamos nos dimos la vuelta.

Llegamos a Jurien Bay justamente cuando se puso el sol, no pudimos calcular mejor, y lo primero que hicimos fue ir a la casa del monitor de la excursión de los leones marinos a recoger la cartera que el listo de Javi se había dejado en el barco la semana anterior. Nos fuimos al camping, ducha, cena y a la cama que estábamos cansados de todo el día en la carretera.
Cuando nos levantamos el día siguiente nos pusimos camino de Fremantle. La idea inicial era coger un ferry para ir a Rottnest Island pero cuando vimos que nos iba a costar decidimos que no merecía tanto la pena, y menos con las playas que habíamos visto ya por arriba. Así que decidimos empezar a bajar a Esperance que iba a ser el sustituto del parque de Karijini.
Llegamos a Kondinin, un pueblo casi a mitad de camino, ya de noche así que no hicimos más que ducharnos e irnos a dormir para el día siguiente por la mañana ponernos de camino. Antes de llegar a Esperance hicimos un segundo intento en el lago rosa que hay en esa zona pero tampoco hubo suerte y estaba completamente seco.
De camino a Esperance miramos para quedarnos en los campings que hay en las playas de Lucky Bay y Le Grand beach ya que son del estilo al que nos quedamos en Exmouth pero con duchas, cocina etc y justo al lado de la playa, pero claro, algo tan espectacular no iba a estar ahí para nosotros mirándolo en el mismo día, de hecho no había sitio hasta 15 días después así que nos tuvimos que quedar con las ganas de dormir allí.
Por esto nos fuimos al camping donde teníamos pensado quedarnos pero no había sitio tampoco. No salíamos de nuestro asombro ya que durante todo el viaje habíamos podido coger todos los campings en el momento sin ningún tipo de problema. Así que no nos quedó más remedio que irnos al otro camping de Esperance. Cuando llegamos ahí comimos y empezó a hacer muchísimo viento y frío así que nos metimos en la furgo y nos quedamos allí toda la tarde cogiendo vuelos y alojamientos para Filipinas.
El día siguiente llegó el plato fuerte: nos fuimos para el Cape Le Grand National Park y nos enamoramos. El primer sitio al que fuimos era el que más expectantes nos tenía: Lucky Bay. Es una playa increíblemente espectacular con la arena más blanca nunca vista y el agua turquesa preciosa, pero lo que la hacía mágica eran sus pequeños habitantes, canguros que están por allí por la playa dando vueltas y comiendo las algas que hay por la orilla. Estuvimos un ratito con uno, una para ser más exactos ya que después le vimos dar de mamar a su pequeña cría, y después vimos otro grupo de ellos en otra zona de la playa y no nos pudo encantar más.


Después de un ratazo en Lucky Bay nos fuimos para la siguiente playa que se llamaba Thistle Cove y luego a Frenchman’s peak. Cuando vimos ese monte por la carretera Javi me dijo que había leído que se podía subir y yo le dije que según se veía me extrañaba mucho que se pudiera, porque no se veía ningún tipo de ruta o sendero por el que hacerlo. Después de un rato de esa conversación ¡¡¡estábamos en la cima!!! Cuando aparcamos la furgoneta allí escuchamos en el coche de al lado que sonaba Estopa, y como es de esperar pues nos sorprendimos muchísimo ya que no es lo más común en la costa oeste de Australia. Efectivamente era una chica de Barcelona que tenía pensado subir a la cima y ver desde allí el atardecer así que nos unimos y lo hicimos los tres juntos. La subida no fue lo más sencillo ya que como decía antes no había ningún tipo de camino, de hecho ya casi arriba del todo tuvimos hasta que escalar un poco, y además el viento fortísimo que hacía no ayudaba, pero la verdad es que mereció la pena por las vistas desde arriba. Al final tardamos mucho menos de lo que esperábamos y no vimos el atardecer, pero ni mucho menos.

Después de bajar y de despedirnos de nuestra amiga Nayaret nos fuimos para Hellfire beach y desde allí había un camino de 20 minutos que llevaba a Little Hellfire, y podemos decir que cuando llegamos vimos nuestro lugar favorito del mundo, aunque posiblemente ahí aún no lo sabíamos. Nos enamoramos muchísimo del lugar, tanto de esa playa como del parque en general así que decidimos que el día siguiente íbamos a cambiar nuestros planes e íbamos a volver allí. De camino para Esperance ya estaba atardeciendo así que teníamos que ir con mucho cuidado por la carretera para no tener ningún accidente con ningún animalito que se nos cruzara, pero a cambio fuimos capaces de ver muchos canguritos en el campo, alguno que otro que efectivamente se nos cruzó por la carretera y otros que estaban por ahí campando con sus amigas las vacas.

La mañana siguiente como habíamos planeado el día anterior volvimos para el parque. La primera parada fue una playa a la que el día anterior no nos había dado tiempo a ir: Le Grand Beach. Era posiblemente la más grande de todas las que vimos por allí junto con Lucky Bay y al igual que todas las demás era preciosa y estaba prácticamente vacía.

De allí nos fuimos directamente a Little Hellfire. Cuando llegamos había una familia pero al poco rato se fueron y nos dejaron la playa para nosotros solos. Y así estuvo durante prácticamente toda la mañana. Aprovechamos para sacar el dron, que por fin le pudimos sacar partido después de casi dos semanas de tenerlo prácticamente todo el tiempo guardado, y nos dio tiempo a bañarnos, tomar el sol, dar una vuelta por la playa, encontrarnos un antiguo habitante de la bahía (un esqueleto de un caballito de mar) y a descubrir que efectivamente estábamos en nuestro lugar favorito del mundo.

Cuando empezó a llegar gente después de quizás más de dos horas decidimos que era el momento de irnos. Nos fuimos a tomar un aperitivo y volvimos a Lucky Bay a visitar a nuestros amigos los canguritos. Esa tarde yo tenía agendada una clase online de español así que la di desde la furgoneta aprovechando la cobertura de Lucky Bay y después, antes de irnos, no pudimos hacer otra cosa que volver de nuevo a nuestro sitio favorito para despedirnos. Todo era perfecto hasta que vimos una serpiente por el camino. Y a los 5 metros otra más. Nos entró bastante miedo (sobre todo a mí), pero ya estábamos en la entrada a la playa y no podíamos darnos la vuelta. Como de costumbre, llegamos allí y nada más había dos señores que inmediatamente se fueron así que volvimos a tener nuestra playa para nosotros. Pasamos allí un ratito y nos fuimos antes de se nos hiciera de noche. El camino de vuelta al coche lo hicimos dando palmas flamencas para espantar las serpientes y con todo el cuidado posible para no pisar alguna sin querer y tener un problema y ya superado el peligro nos fuimos de vuelta a Esperance a cenar, ducharnos y dormir.
Al día siguiente nos tocaba ver un poquito los alrededores de Esperance y para ello nos recorrimos la Great Ocean Drive, una ruta en círculo de 40 kilómetros por la que vas viendo desde la carretera (y en sus paradas si te apetece) las playas más bonitas de la costa de Esperance. Nosotros preferimos en muchas ocasiones verlo desde el coche, pero sí que hicimos algunas paradas, entre otras en la Eleven Mile Beach o en el Observatory Point desde donde se veían unas vistas preciosas.
La ruta acababa en el lago rosa que, como ya vimos hacía unos días, seguía seco así que cuando terminamos decidimos ir a una brewery que estaba cerca y de la que nos habían hablado muy bien. Llegamos allí y como queríamos probar un poco todo nos dejamos aconsejar así que nos pedimos dos sets de cata con cuatro cervecitas cada uno. Lo acompañamos con un par de pizzas de horno de leña que tenían en el mismo local y la verdad es que nos gustó todo mucho, la cerveza, la comida, cómo estaba todo montado… muy recomendable en definitiva.

Al ratito nos pusimos de camino a Hyden, ya que esa noche la íbamos a pasar en el camping de la Wave Rock. Llegamos antes de lo que pensábamos así que antes de cenar tuvimos un ratito para sentarnos un rato a hacer nuestras cosas. Ya cenados y duchados nos fuimos a la cama.
Por la mañana fuimos a ver la famosa Wave Rock que estaba literalmente a 1 minuto de nuestro camping. La verdad es que es muy curiosa pero los dos nos la imaginábamos mucho más grande y espectacular. Nos dimos un pequeño paseo por la zona y ya nos pusimos de camino a Fremantle porque empezó a llover bastante y pintaba bastante feo.

Al llegar a Fremantle lo primero que hicimos fue acercarnos a Optus, nuestra compañía de móvil en Australia, para asegurarnos de que el contrato de un año que habíamos firmado con ellos en marzo del año anterior efectivamente se terminaría después de un año y no nos lo extenderían más tiempo. Después de contarles nuestra historia y decirles claramente que nos íbamos el día siguiente por la noche, no se les ocurrió nada mejor que cancelarme la línea en ese mismo momento. Con suerte les paramos antes de que nos hicieran lo mismo con la línea de Javi y nos dejaran vendidos el día y medio que nos quedaba, pero es alucinante lo inútil que puede llegar a ser una persona cuando no le interesa lo más mínimo lo que está haciendo.
Después del mosqueo con Optus nos fuimos a ver la prisión de Fremantle, que para nuestra sorpresa era Patrimonio de la Humanidad. Allí cogimos uno de los tours que ofertaban, concretamente el que trataba sobre los primeros convictos de la prisión, que fueron precisamente los mismos que la construyeron. Fueron en su mayoría presos enviados desde Inglaterra, Wales e Irlanda para este fin y es curioso que, según nos contó el bueno de James, que así se llamaba nuestro guía, la mayoría de ellos se quedaron en Australia puesto que veían que tendrían muchas más posibilidades en su vida después de la cárcel. La verdad es que fue una visita bastante interesante y con algo de historia, que la verdad es que poco de eso habíamos visto en todo el año en Australia.
Cuando terminamos, hicimos el último uberazo de nuestra estancia en Australia y nos fuimos para el camping. Allí comimos/cenamos y estábamos listos para pasar nuestra última noche en nuestra querida hippie.
A la mañana siguiente ya solo nos quedaba recoger la furgo y limpiarla para ir a devolverla, así que eso fue básicamente lo que hicimos nuestro último día en Australia: las últimas gestiones. Una vez devolvimos la furgoneta y nos dieron la aprobación (y 45 dólares muy ricos que no esperábamos) nos fuimos hacia el aeropuerto para dejar el país que nos acogió durante el año más diferente y especial de nuestras vidas y empezar nuestras aventuras por Asia.







