Sydney – empieza el viaje

Después de pasar nuestro último fin de semana en Byron Bay, completamente abrasados por el sol abandonamos nuestra querida Brisbane y ponemos rumbo a nuestra experiencia mochilera, y la empezamos por la ciudad más grande de Australia: la famosa Sydney.

Salimos del aeropuerto de Brisbane con una hora y media de retraso pero aún así llegamos con más o menos todo el día por delante. Una vez nos asentamos en el hostel, empezamos a patear y lo primero que hicimos fue el camino que nos recomendó María desde Wooloomooloo (amo demasiado ese nombre) hasta la ópera. Fue un paseo bastante agradable en el cual pudimos ver unos cuantos sencillos yates atracados en el puerto y también enormes buques de la armada australiana. Una vez llegamos a Macquarie’s point vimos por primera vez la famosa Ópera de Sydney y el a Sydney Harbour Bridge.

Foto tomada en Macquarie’s point

Seguimos paseando por los jardines botánicos hasta llegar a la Ópera, y una vez allí nos permitimos el lujo de disfrutar de las vistas tomando una cervecita antes de ir a cenar.

Lo siguiente que hicimos fue cruzar el Harbour Bridge y la verdad es que merece la pena ver las vistas desde encima y cómo se va encendiendo la ciudad a medida que va atardeciendo.

Al día siguiente nos dedicamos a pasear por la costa. En primer lugar cogimos el ferry desde Circular Quay hasta Rose Bay y desde allí empezamos a caminar por el Hermitage Foreshore Walk hasta que llegamos a Shark Beach. Este paseo no es muy conocido y la gente no lo suele recomendar, pero nuestro amigo Fede, que había pasado un tiempo viviendo en Sydney, nos dijo que teníamos que intentar hacerlo sí o sí. Y así fue y menos mal, porque lo disfrutamos muchísimo. Durante todo el paseo podíamos ver toda la ciudad al otro lado de la bahía además de un montón de barcos y casas preciosas con acceso directo al mar.

Sydney desde el Hermitage Foreshore Walk

Comimos en un merendero que nos encontramos por el camino y continuamos hasta el final. Lo cierto es que si hubiéramos terminado en Milk Beach habría estado genial ya que desde esta playa hasta el final el paisaje es ya algo menos espectacular, pero de esta manera fuimos capaces de ver la red que tiene Shark Beach para proteger a los bañistas de los tiburones y convertirla en una piscina de agua salada.

Shark Beach y su red protectora

Después de este paseo nos tocaba hacer el más conocido: el que va desde Coogee a Bondi Beach. Cuando llegamos a Coogee Beach lo primero que hicimos fue ir a Coogee Pavilion, un bar híper recomendado por Maria y que la verdad es que estaba genial. Nos tomamos allí un café y un helado en la azotea con vistas a la playa y estábamos listos para empezar el paseo. Es una caminata de lo más agradable por la costa y nosotros fuimos súper afortunados porque nos salió el día nublado y corría algo de viento, de lo contrario habríamos muerto de calor. Hicimos algunas paradas por el camino para alucinar con las vistas al mar, pero para mí la que más me gustó fue la del Waverley Cemetery, un cementerio enorme que está al lado de la playa de Bronte y mirando a la inmensidad del mar.

Cuando llegamos a Bondi nos dimos un paseo por el paseo que está lleno de grafittis (muy chulos y luego para tomar un descanso después de todo el día de caminatas nos tomamos una cervecita en la explanada de césped que hay justo detrás de la playa. Un ratito muy agradable.

Después de esto fuimos a recoger a mi amiga Anita al trabajo y fuimos a cenar a su casa con ella y su novio, nuestro italiano favorito, que nos tenía un risotto preparado que agradecimos increíblemente ya que estábamos tremendamente hambrientos. Después de unas cuantas copitas de vino nos fuimos para casa.

Al día siguiente nos dimos cuenta de que esas copitas fueron más de la cuenta cuando nos levantamos con una curiosa resaca. Decidimos tomarnos el día con bastante calma para sobrellevarlo de la mejor manera posible, así que decidimos subir a la torre de Sydney y tomar una cerveza curativa y comer allí con vistas a toda la ciudad. Es un plan muy chulo porque es económico (para subir simplemente te obligan a consumir 25$) y puedes ver la ciudad desde una perspectiva diferente. Además yo me llevé una gran sorpresa y fue que el restaurante tiene una visión de 360° y el suelo es una plataforma que va girando para que puedas ver absolutamente todo mientras comes. ¡Merece mucho la pena!

Por la tarde nos dimos una vuelta por la ciudad y visitamos Hyde Park y nos fuimos pronto para el hostel para coger fuerzas para el plato fuerte: las Blue Mountains.

Cogimos el tren de las 7 de la mañana para que nos cundiera el día lo máximo posible ya que teníamos casi tres horas de ida y lo mismo de vuelta. Una vez allí fuimos a un punto de información, donde después de estar hablando con el hombre de la oficina durante 10 minutos en inglés, nos dimos cuenta de que todos hablábamos español. El bueno de Jorge nos aconsejó a qué sitios ir dado el tiempo que teníamos y dentro de la inmensidad del parque nacional. 

Fuimos en el autobús hasta Scenic World y desde allí bajamos andando hasta Echo Point sin dejar de pararnos en cada mirador que nos cruzábamos por el camino desde el que se veía la inmensidad de aquella maravilla de lugar. Era una pena ya que, como se puede ver en las fotos, todo el horizonte estaba lleno de humo, y aunque aún así era espectacular, no podíamos dejar de pensar cómo sería ese paisaje antes de los fuegos.

Pasamos de camino por las Katoomba Falls y un poco después encontramos un sitio para parar a descansar en el que corría un poquito de viento (téngase en cuenta los 35 grados que podría hacer en ese momento) que nos vino como agua de mayo. Una vez llegamos a Echo Point vimos de cerca las Three Sisters y sacamos a pasear nuestro juguete para inmortalizar la vista desde las alturas. También desde aquí se podía ver hasta donde habían llegado los incendios de los últimos meses, aunque también hay que decir que menos mal que no alcanzaron ese punto por completo ya que habría sido una completa desgracia (sin menospreciar por supuesto la desgracia que han supuesto igualmente los incendios del verano 2019-2020 en Australia).

The Three Sisters

Cuando terminamos en Echo Point nos dirigimos hacia las Leura Falls. El camino hasta llegar a ellas estaba completamente desierto, éramos literalmente los únicos que pasábamos por allí y eso nos hacía tener miedo de que nos saliera alguna serpiente por el camino salvaje que estábamos recorriendo. Es por esto que nos pasamos todo el trayecto dando palmadas flamencas para espantarlas, algo que fue bastante cómico.

Cuando llegamos a las cascadas vimos que había merecido la pena ya que era un punto completamente precioso, lo único que lo estropeaba mínimamente era el tremendo calor que estábamos pasando, algo que empeoró bastante con el camino hasta la estación bajo el sol, que nos hizo acabar completamente destruidos. Tanto fue así que, nada más llegar a la civilización, entramos al Woolworths (uno de los supermercados más conocidos de Australia) del pueblo, nos compramos un refresco y nos lo tomamos antes de llegar a la caja a pagarlo. 😂

En cualquier caso, la experiencia de las Blue Mountains fue completamente inolvidable y nos sentimos demasiado afortunados de finalmente haber podido llegar hasta allí y contemplar un paraje tan especial y significativo para la cultura y la historia australiana.

El día siguiente, nuestro último día en Sydney, fue comparable con el infierno simplemente por el calor que pasamos. Fuimos con Marta, una de las chicas que conocimos en el hostel (a continuación se adjunta una foto con el grupito de españoles que hicimos ahí, por cierto), a ver los últimos sitios que nos quedaban por visitar de la ciudad: Chinatown, donde vimos un espectáculo que tuvo lugar con motivo del año nuevo chino y una plaza con un monumento de lo más curioso también homenajeando este evento, y el Darling Harbour, donde vimos en directo carreras de piraguas. Fueron parajes bastante interesantes y que nos gustaron bastantes, pero como digo, no los disfrutamos tanto simplemente por el calor que hacía.

Españolitos en Sydney

Después de esto repetimos en la Torre de Sydney para comer con Marta, quedamos con Dani para despedirnos de él y nos fuimos de camino al aeropuerto para coger el avión a nuestra siguiente parada: Melbourne.

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